Síndrome del Impostor: Cuando sacas un 10 pero sientes que has engañado a todo el mundo.

Una chica mira con desconfianza alrededor en clase, ilustra el síndrome del impostor. Ha sacado buenas notas pero piensa que el nivel general es muy bajo.
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Por qué no te crees tus propios logros (y piensas que eres un fraude)

Acabas de sacar la mejor nota de la clase en un trabajo final que te ha llevado semanas de investigación. Tu profesor te felicita en público. Tus amigos te dicen que te lo has currado muchísimo. Pero tú, por dentro, sientes un nudo en el estómago. En lugar de estar orgulloso, piensas: «Seguro que ha sido suerte», «es que el nivel del resto era bajísimo» o, la peor de todas, «cualquier día se dan cuenta de que en realidad no tengo ni idea y descubren que soy un fraude».

Si te sientes identificado con esta escena, bienvenido al club de los perfeccionistas agotados. En psicología, a esta incapacidad crónica para asimilar el éxito propio la llamamos síndrome del impostor. No es falsa modestia; es un miedo real, profundo y paralizante a ser «descubierto».

El problema de este síndrome es que es un agujero negro para tu autoestima. No importa cuántas pruebas objetivas tengas de que eres inteligente, válido o trabajador; tu cerebro siempre encontrará una excusa externa (la suerte, el momento, la ayuda de otros) para no apuntarse el tanto.

Vives en un estado de alerta constante, trabajando el doble que los demás solo para que nadie se dé cuenta de lo «inútil» que crees que eres. Es agotador y, a la larga, te frena a la hora de pedir lo que te mereces o de atreverte a probar cosas nuevas.

¿Cómo desarmar al impostor?

La caja de las evidencias: El síndrome del impostor se alimenta de sensaciones («siento que no valgo»), no de realidades. Crea una carpeta en tu móvil o una libreta física donde guardes capturas de notas, emails de felicitación, mensajes de amigos agradeciendo tu ayuda, etc.

Cuando el impostor ataque, oblígate a leer pruebas tangibles y objetivas que demuestren que estás equivocado.

Separa el sentimiento de la realidad: Sentirte estúpido no significa que lo seas. Cuando aparezca el pensamiento, no intentes reprimirlo. Ponle nombre: «Vale, aquí está otra vez el síndrome del impostor intentando convencerme de que ha sido suerte». Observa el pensamiento como si fuera un pop-up molesto en tu ordenador y ciérralo.

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