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Lo que debes saber sobre el sesgo de confirmación
Estás convencida de que le caes mal a alguien de tu clase. El martes pasó por tu lado y no te saludó. El jueves tardó tres horas en contestarte un mensaje. Para ti, el caso está cerrado: le caes fatal.
Pero hay un pequeño detalle que tu mente parece haber pasado por alto: el miércoles te pasó los apuntes de Historia sin que se los pidieras. ¿Y si no te tiene manía? ¿Y si estaba distraído, tenía prisa o simplemente no vio tu mensaje?
Cuando tienes una idea en la cabeza, es fácil empezar a fijarte únicamente en las cosas que parecen confirmarla. Los detalles que encajan con lo que piensas adquieren importancia, mientras que los que podrían contradecirte pasan a un segundo plano. Esto es lo que ocurre con el sesgo de confirmación, una tendencia de nuestra mente a buscar, interpretar y recordar la información de una manera que favorece nuestras creencias previas.
Y no, no significa que seas poco inteligente ni que siempre interpretes mal las cosas. Nos puede pasar a cualquiera, el problema aparece cuando dejamos de cuestionar nuestras conclusiones y empezamos a tratar nuestras sospechas como si fueran hechos demostrados.
Si crees que no eres capaz de aprobar un examen, por ejemplo, quizá recuerdes perfectamente tus suspensos y restes importancia a las veces que has mejorado. Si piensas que tu ex quiere volver contigo, puedes interpretar un simple mensaje de cortesía como una señal de que todavía siente algo por ti.
No siempre vemos las cosas tal y como son: a veces las vemos como esperamos que sean.
La clave está aquí
Tener una idea no significa que sea cierta. Y encontrar una prueba que parece confirmarla tampoco significa que tengas toda la información.
Tienes la definición de sesgo de confirmación en nuestro diccionario de la A a la Z
¿Por qué nuestra mente busca tener razón?
Imagina que cada vez que recibes información nueva tuvieras que analizarla desde cero, comparar todas las posibilidades y revisar cada una de tus creencias. Sería agotador.
Para interpretar lo que ocurre a nuestro alrededor, utilizamos conocimientos previos, expectativas y atajos mentales que nos permiten orientarnos sin tener que analizarlo absolutamente todo. Estos mecanismos suelen ser útiles, pero también pueden llevarnos a cometer errores.
Cuando ya creemos algo, esa idea puede influir en qué información nos llama la atención, cómo interpretamos lo que sucede y qué recordamos después. Así, una misma situación puede parecer muy diferente según lo que esperábamos encontrar.
Por ejemplo, si estás convencida de que una compañera te tiene envidia, es posible que interpretes sus comentarios como indirectas, sus silencios como desprecio y sus logros como intentos de competir contigo.
En cambio, si partes de la idea de que te aprecia, quizá interpretes esos mismos silencios como despistes y sus comentarios como bromas sin mala intención. ¿Significa eso que una de las dos interpretaciones tiene que ser correcta? No necesariamente. Puede que todavía no tengas información suficiente para saberlo.
El sesgo de confirmación dificulta precisamente eso: mantener abiertas varias explicaciones cuando una de ellas ya nos parece evidente.
¿Cómo afecta el sesgo de confirmación a nuestras relaciones personales?
Las relaciones son uno de los ámbitos en los que este sesgo puede influir más, porque no siempre sabemos qué piensan o sienten los demás. Muchas veces tenemos que interpretar gestos, mensajes y comportamientos sin conocer sus motivos reales.
El problema es que podemos acabar confundiendo lo que observamos con lo que suponemos.
Si crees que no le gustas a alguien
Tarda en contestar y piensas que no quiere hablar contigo. Si responde enseguida, quizá concluyas que solo lo hace por educación. Cualquier resultado acaba encajando con tu sospecha.
Si piensas que tu ex quiere volver
Una canción que comparte, un mensaje casual o un encuentro inesperado pueden parecer señales de que todavía siente algo por ti, aunque ninguno de esos detalles demuestre por sí solo que quiera retomar la relación.
Si crees que una amistad no te valora
Recuerdas cada ocasión en la que no ha estado disponible, pero quizá pasas por alto otras en las que sí te ha apoyado. También puede ocurrir lo contrario: que justifiques repetidamente comportamientos que te hacen daño porque estás convencida de que esa persona es buena amiga.
En estos casos, el sesgo de confirmación puede alimentar la inseguridad, los malentendidos y los conflictos. Incluso puede llevarnos a actuar a partir de una interpretación equivocada y provocar situaciones que refuercen nuestras sospechas iniciales.
Pero hay algo importante: cuestionar tus interpretaciones no significa que tengas que justificar los comportamientos que te hacen daño. Puedes no conocer las intenciones de otra persona y, aun así, reconocer que una conducta te afecta y establecer límites.
La mirada de la Psicología
El sesgo de confirmación es un fenómeno ampliamente estudiado en la psicología del razonamiento.
En 1998, el psicólogo Raymond S. Nickerson publicó una revisión científica titulada Confirmation Bias: A Ubiquitous Phenomenon in Many Guises. En este trabajo reunió investigaciones que muestran cómo las personas pueden buscar e interpretar las pruebas de una manera favorable a sus creencias, expectativas o hipótesis previas.
Puedes consultar el artículo científico original de Nickerson, publicado en la revista Review of General Psychology.
Este fenómeno no implica que siempre ignoremos conscientemente la información contraria. A menudo, el proceso ocurre sin que nos demos cuenta: prestamos más atención a unos detalles que a otros o encontramos explicaciones que encajan con lo que ya pensábamos.
También conviene distinguir el sesgo de confirmación de la disonancia cognitiva. Esta última hace referencia a la tensión que puede aparecer cuando mantenemos creencias, actitudes o comportamientos que entran en conflicto. Ambos fenómenos pueden relacionarse, pero no son lo mismo.
Por ejemplo, puedes pensar que una amistad debería tratarte con respeto y, al mismo tiempo, aceptar repetidamente comportamientos que te hacen sentir mal. Esa contradicción puede generar malestar. Para reducirlo, podrías restar importancia a lo sucedido y convencerte de que tu amiga está pasando una mala época. Si, además, prestas atención únicamente a las ocasiones en las que se comporta bien contigo, el sesgo de confirmación puede contribuir a mantener esa interpretación.
Reconocer estos procesos no significa desconfiar de todo lo que piensas. Significa comprender que nuestras conclusiones pueden estar influidas por expectativas, emociones y experiencias previas.
¿Cómo puedes reconocer y evitar el sesgo de confirmación?
No puedes impedir que tu mente tenga preferencias o expectativas, pero sí puedes aprender a revisar tus conclusiones antes de dar algo por seguro. La clave no consiste en llevar siempre la contraria a tus propios pensamientos, sino en examinar la información con mayor equilibrio.
Tu plan de acción
Pon tus pensamientos a prueba
La próxima vez que estés muy convencida de algo, prueba estos cuatro pasos.
Separa los hechos de tus interpretaciones
Pregúntate qué ha ocurrido exactamente y qué parte estás suponiendo.
Ejemplo: «Ha tardado cuatro horas en responder» es un hecho. «Está pasando de mí» es una interpretación.
Busca pruebas a favor y en contra
No te quedes solo con los datos que encajan con tu idea. Busca también información que pueda cuestionarla.
Pregúntate: «¿Qué pruebas tengo de que no le caigo bien? ¿Hay algo que apunte en otra dirección?».
Busca explicaciones alternativas
Intenta imaginar al menos otra explicación posible, aunque tu primera interpretación te parezca muy convincente.
Ejemplo: quizá no te ha saludado porque estaba distraído, tenía prisa o no te ha visto.
Acepta que quizá todavía no lo sabes
No tienes que llegar a una conclusión inmediata. Puedes esperar a tener más información, preguntar directamente cuando sea apropiado o reconocer que existen varias posibilidades.
Recuerda: no saber qué piensa otra persona es distinto de saber que piensa algo negativo de ti.
Un truco extra: cambia de perspectiva
Cuando una situación te afecte mucho, imagina que le ha ocurrido a una amiga y te pide consejo.
¿Le dirías que está claro que todo el mundo la rechaza por un único mensaje sin responder? ¿O le recordarías que hay otras explicaciones posibles?
A veces, nos resulta más sencillo analizar las conclusiones de otra persona que las nuestras, porque estamos menos implicadas emocionalmente, tomar esa distancia puede ayudarte a revisar tus interpretaciones con más calma, sin invalidar lo que sientes.
Y recuerda: no se trata de obligarte a pensar en positivo. Si existen pruebas de que alguien te está tratando mal, no tienes que ignorarlas. Se trata de valorar toda la información disponible, no solo la que confirma lo que ya creías.
Una idea para llevarte
Tu mente puede hacer que una sospecha parezca una certeza cuando encuentras una y otra vez motivos para creer en ella. Pero que una idea te resulte familiar, convincente o incluso evidente no significa que sea necesariamente cierta.
El sesgo de confirmación nos recuerda que todas las personas podemos interpretar la realidad de forma selectiva. Por eso, aprender a cuestionar nuestras propias conclusiones es tan importante como aprender a defender nuestras opiniones.
La próxima vez que pienses «lo sabía, tenía razón», haz una pequeña pausa y pregúntate: ¿Estoy viendo todas las pruebas o solo las que me dan la razón?
Quizá no cambies de opinión. Pero, si después de revisar la información sigues pensando lo mismo, tendrás mejores motivos para hacerlo.
Y si descubres que estabas equivocada, tampoco pasa nada. Cambiar de opinión cuando aparecen nuevas pruebas no es una debilidad: es una forma de aprender.


