Entras a TikTok o a Instagram y ves un vídeo de alguien alineando perfectamente sus bolígrafos por colores con el texto: «Mi TOC no me dejaba estudiar así».
En redes sociales se ha puesto de moda usar el Trastorno Obsesivo-Compulsivo (TOC) como si fuera un rasgo de personalidad cool, un sinónimo de ser perfeccionista o de que te guste la limpieza, pero el TOC no tiene nada que ver con disfrutar del orden. Entender la diferencia es importante, porque detrás de esas tres letras hay personas que cada día tienen que enfrentarse a pensamientos que no desean y a una ansiedad muy difícil de controlar.
Qué está pasando
Imagina que aparece en tu cabeza una idea que no quieres tener.
Por ejemplo:
- «¿Y si hago daño a alguien sin querer?»
- «¿Y si me he dejado el gas abierto?»
- «¿Y si me he contagiado de una enfermedad peligrosa?»
- «¿Y si pasa algo terrible por mi culpa?»
Todos tenemos pensamientos raros de vez en cuando. El problema es que, en una persona con TOC, esos pensamientos no desaparecen fácilmente, vuelven una y otra vez. Y, lo peor, generan una sensación de miedo o de angustia muy intensa.
Para intentar sentirse mejor, muchas personas con TOC realizan acciones que creen que les ayudarán a reducir esa ansiedad.
Por ejemplo:
- Comprobar veinte veces que la puerta está cerrada.
- Lavarse las manos una y otra vez.
- Contar números mentalmente.
- Repetir una frase.
- Colocar objetos siguiendo un orden exacto.
Estas acciones pueden aliviar la ansiedad durante unos minutos pero el alivio dura poco. Al cabo de un rato vuelve el pensamiento… y también la necesidad de repetir todo otra vez.
No es una manía ni una elección.
La persona suele saber que esos pensamientos no tienen sentido o que está exagerando el peligro. Aun así, siente una necesidad enorme de hacer esas comprobaciones o rituales porque la ansiedad se vuelve casi insoportable.
Por eso el TOC no es una costumbre ni una forma de ser. Es un trastorno que puede afectar mucho a la vida diaria.
Antes de decir «tengo TOC»…
No pasa nada por ser ordenado.
No pasa nada por gustarte que las cosas estén colocadas.
No pasa nada por preferir que tu escritorio esté limpio.
Eso no significa que tengas TOC.
Utilizar esta expresión como una broma o como un sinónimo de perfeccionismo puede hacer que olvidemos lo que realmente viven quienes conviven con este trastorno.
La próxima vez que escuches a alguien decir «es que tengo TOC porque me gusta ordenar», quizá puedas recordar que el TOC no consiste en amar el orden, consiste en convivir con pensamientos que uno no ha elegido y con una ansiedad que puede llegar a ser muy intensa.
Cuándo pedir ayuda
Una cosa es dudar de si cerraste el coche y otra es vivir en un infierno mental. Si estos bucles de pensamientos te quitan más de una hora al día, si dejas de salir con tus colegas porque los rituales te bloquean, o si la ansiedad te paraliza, internet no es suficiente.
El TOC requiere tratamiento profesional. Tienes que hablar con tus padres, con tus profesores y hacer que te lleven a tu médico, o a tu psicólogo de confianza, que te guiará en los pasos a dar.
Tratar de apagar este fuego solo con fuerza de voluntad no funciona; necesitas herramientas profesionales para desmontar el bucle.


