Estás en un lugar nuevo, hablando con alguien, y de repente el tiempo parece congelarse. Sientes un escalofrío y la certeza absoluta de que esa situación exacta ya la has vivido antes. Sabes que es imposible, pero la sensación de familiaridad es tan fuerte que te deja desconcertada. Acabas de experimentar un déjà vu. En Open Psicolab nos encantan estos «cortocircuitos» mentales porque nos enseñan cómo funciona realmente nuestra cabeza. El déjà vu (del francés «ya visto») no tiene nada que ver con vidas pasadas ni con premoniciones; es, literalmente, un pequeño tropiezo en la maquinaria de tu memoria.
¿Qué está pasando ahí dentro?
Para entenderlo, hay que mirar al lóbulo temporal y al hipocampo, los «discos duros» de tu cerebro. Cuando vives una situación, tu cerebro primero la percibe y luego la archiva como recuerdo. En un déjà vu, ocurre un error de procesamiento dual: la información visual o auditiva que estás recibiendo sufre un micro-retraso en una de las vías neuronales. Cuando esa información llega al área de la memoria un milisegundo tarde, tu cerebro se confunde y la clasifica erróneamente como un «recuerdo del pasado» en lugar de una «experiencia presente».
Es como si estuvieras escribiendo un documento en el ordenador y, por un error del sistema, se guardara a la vez en la carpeta de «Borradores nuevos» y en la de «Archivos del año pasado».
El papel del cansancio y el estrés
Aunque es un fenómeno universal (casi todo el mundo lo experimenta al menos una vez), no ocurre por azar. La psicología ha demostrado que la probabilidad de sufrir un déjà vu se dispara cuando estamos bajo altos niveles de estrés o sufrimos fatiga severa y falta de sueño. Cuando el cerebro está agotado, sus sistemas de procesamiento de información y atención son mucho más propensos a cometer estos pequeños fallos de clasificación.
También puede deberse a fallas de memoria fragmentada: a lo mejor el olor de esa nueva cafetería o la disposición de las sillas son idénticos a los de un lugar de tu infancia que habías olvidado. Tu cerebro detecta esa similitud parcial y te lanza una sensación de familiaridad total.
Así que la próxima vez que sientas que «esto ya lo has vivido», no te asustes. Simplemente sonríe y piensa que tu cerebro está haciendo un pequeño reseteo. Y, quizás, tómatelo como una señal de que necesitas dormir un par de horas más.

