
Te imaginas el nivel de agotamiento mental que supone tener que «actuar» tu vida las 24 horas del día? Por ahí va el pulso de Alex y Henry. El hijo de la presidenta de EE. UU. y el príncipe de Inglaterra se caen fatal públicamente, pero tras liar un desastre diplomático en una boda real, les obligan a fingir ser los mejores amigos del mundo ante las cámaras.
Lo que empieza como un teatrillo de postureo político se les va de las manos cuando, a base de mandarse mensajes a escondidas a las tres de la mañana, descubren que el otro es el único ser humano sobre la Tierra que entiende lo que es vivir dentro de una pecera. El libro no es solo una comedia romántica; es una radiografía de lo que pasa cuando el «personaje» que has construido para que los demás estén contentos se choca de frente con lo que de verdad quieres ser.
Sostener una fachada es un trabajo a jornada completa que no paga horas extra. Muchas veces adaptamos nuestra personalidad a lo que esperan nuestros padres, nuestros amigos o lo que se supone que «toca», porque creemos que si mostramos lo que hay detrás del telón nos van a rechazar. Pero el precio de gustarle a todo el mundo a base de actuar es que acabas sintiéndote un impostor en tu propia vida. Da mucho vértigo bajar la guardia —sobre todo si hay expectativas puestas en ti—, pero la libertad real empieza el día en el que decides que prefieres decepcionar a un par de espectadores antes que traicionarte a ti mismo.
