Qué es: El estrés no es una enfermedad ni significa que seas débil. Es una respuesta automática y natural de tu cuerpo para ayudarte a afrontar situaciones que considera importantes o desafiantes.
Puedes imaginarlo como el sistema de alarma de tu organismo. Cuando tu cerebro detecta un peligro o una situación que exige mucho de ti, activa el «modo alerta». En pocos segundos, tu cuerpo se prepara para actuar: aumenta tu nivel de energía, mejora tu concentración y acelera algunas funciones, como el ritmo cardíaco. Todo esto tiene un objetivo: ayudarte a responder mejor al reto que tienes delante.
Cuando el estrés aparece de forma puntual, puede ayudarte a rendir mejor. Pero si esa alarma permanece encendida durante días o semanas sin darte tiempo para descansar y recuperarte, acaba pasando factura. Es entonces cuando aparecen el agotamiento, la irritabilidad, la dificultad para concentrarte o la sensación de no poder más.
Ejemplo: Imagina que faltan dos semanas para los exámenes finales. Sabes que te juegas mucho y tu cerebro interpreta esa situación como un gran desafío. Sin darte cuenta, activa la respuesta de estrés. Empiezas a notar un nudo en el estómago, el corazón late más deprisa de lo habitual y por la noche te cuesta dormir porque tu cabeza no deja de repasar apuntes, fechas o fórmulas.


