
Doce años, siete meses y once días, de Lorris Murail, sigue la historia de Walden, un chico torpe, inseguro y muy alejado del mundo del deporte o de la aventura, cuya vida cambia de forma radical cuando su padre lo deja solo en una cabaña aislada en mitad del bosque.
Con apenas unas latas de comida, una escopeta y un ejemplar de las obras de Henry David Thoreau como únicas herramientas, Walden se ve obligado a enfrentarse a una situación extrema para la que no está preparado. Lo que en un primer momento parece una extraña y dura lección de supervivencia se convierte en un desafío constante donde cada día implica aprender a conseguir comida, protegerse y adaptarse a un entorno hostil.
A medida que pasan los días, el protagonista empieza a registrar el tiempo sobre la corteza de un árbol, anotando cada jornada superada como una pequeña victoria personal. Sin embargo, mientras intenta comprender por qué ha sido abandonado y cómo sobrevivir, comienza a descubrir que la realidad que lo rodea es mucho más inquietante de lo que imaginaba y que el peligro no procede únicamente de la naturaleza.
La novela combina aventura, tensión psicológica y supervivencia para construir una historia sobre el miedo, la resistencia y el paso forzado de la infancia a una madurez prematura. También plantea una reflexión sobre el aislamiento, la relación con la naturaleza y la capacidad humana de adaptarse incluso en las circunstancias más extremas.

